miércoles, 16 de julio de 2014

No hay más límites que los que uno mismo se impone. Uno es quien debe decidir si vivir lamentándose por lo perdido o disfrutando de aquello que aún le queda; si recriminar al universo por lo que nos ha quitado o dar gracias a Dios por haberlo tenido, aunque sólo haya sido, un corto tiempo. Todo está dentro de uno mismo. "No se consuela quien no quiere", reza un viejo dicho que suena a conformismo, pero no, no es cuestión de conformarse, sino de irse adaptando a las circunstancias con cada nueva situación que nos plantea el camino y partir, cada vez como de un nuevo principio, con lo obtenido: lo ganado y lo perdido -que si bien lo ves, tambien es ganancia- de la etapa anterior.
Al fin y al cabo, 
Qué somos, sino peregrinos? Caminantes
constructores de caminos. Guerreros en la paz.
Uvas en el vino.
Arena en el desierto,
agua en el mar.
Soledad en compañía,
ah!, compañera soledad!

Los límites estan aquí, adentro. Empiezan en el "no puedo", en el "yo no sirvo -o ya no estoy- para eso".
Y qué si el camino es largo?
Cuándo entenderemos que lo importante no es la meta sino lo aprendido en el intento de alcanzarla?
No es la meta lo que importa.
No es Santiago, es el Camino!

A menudo hacemos el camino
dos veces cuando lo recorremos,
y ambas suceden a un mismo tiempo:
la una sobre los pies,
la otra sobre el pensamiento;
porque a cada paso dado,
evocamos el regreso.

domingo, 11 de mayo de 2014

Una pregunta, Rubén...
¿Qué pasó con Pablo Pueblo?
Visto desde Hollywood, no es tan malo el tiburón,
O ya desde el principio el tiburón al que te referías era el de Spielberg?
No eres el único...
A Soledad le pasó lo mismo... casualmente,
también después de juntarse con Willie.
Dice mi buen amigo Alejandro Szilágyi, en su libro Reflexionamientos: "

A mucha gente le es más fácil desprenderse de un amigo que cambiar una opinión.

Yo digo: si un amigo deja de serlo por causa de tus opiniones, nunca fue tu amigo. No habrás perdido nada desprendiéndote de él. Si cambias de opinión por conservar a un amigo, te pierdes a ti mismo.

viernes, 24 de enero de 2014

En la mesa contigua dos personas comentaban "¡qué tontería! se divorcian después de haberse soportado durante 40 años". ¡Después de 40 años! -pensaba yo- ¡gran error de apreciación! No es DESPUES de haberse soportado durante 40 años, sino, precisamente, POR los cuarenta años de haberse soportado... No rebosa el vaso con la primera gota sino con la última.

jueves, 17 de enero de 2013

Se nos va la vida desperdiciándola.
En el puro intento de conservarla, la perdemos.
Somos nuestras propias víctimas.
En el esfuerzo por no vivirla, se nos va la vida.
Tomamos previsiones para un futuro que jamás llegará
y, entretanto, dejamos que el presente nos pase de largo.
La vida no es un bien que se pueda almacenar.
Vivimos con miedo a la enfermedad
y, de igual modo, en su momento,
la enfermedad nos alcanza.
Escrúpulos pueriles nos impiden disfrutar
del placer de los sentidos.
Absurdos moralismos nos limitan
nos encierran y encadenan!
Nos llenamos de compromisos y responsabilidades
y olvidamos que el compromiso principal
es con nosotros mismos
Respiramos...
y porque respiramos ya creemos que vivimos!
Caminamos...
y porque caminamos ya creemos que vivimos!
Trabajamos...
Alimentamos nuestro ego con el éxito obtenido
y al resonar del aplauso, nos creemos que vivimos!

Un día, una mañana cualquiera
se levanta un viento (ni tan fuerte!)
y nos arranca...
nos arrastra...
todo tiembla!
paja seca!
hoja muerta!
Una rama a la deriva
En la corriente del río
La vieja dorna que espera
Por un nuevo viajero
y una nueva travesía
Hacia la orilla de enfrente,
Donde comienzan los siglos
Donde terminan los días.

Y dónde queda lo vivido?

A veces, (aunque duela)
preciso es reconocer:
Hay quien a la vida muere,
en el instante de nacer.

sábado, 18 de agosto de 2012

(a Emilio Sánchez)

Era un corazón que envolvía a un cuerpo.
Más grande, aún, que eso era... ¿he dicho grande?
Inmenso. Era la inocencia encarnada.
La extrema transpariencia en la mirada.
Infinita claridad. Libro abierto.
Oráculo de Dios a quien comprenda.

Hasta siempre, compañero.
Fuiste de esas personas que, por sólo compartir con ellas un breve instante, hacen que todo este camino terrenal valga la pena.

No sé si alguna vez pude enseñarte algo... Jamás te dije, tampoco, lo mucho que aprendí de ti.

Hasta siempre, compañero.
Volveremos a encontrarnos y otra vez nos sentaremos juntos a esperar, al lado de la carretera.

Hasta siempre, compañero.
Hasta siempre

José L. Dasilva N.
Caracas, agosto 18 de 2012