lunes, 20 de agosto de 2018

Respeto, valoración mutua y disposición para honrar el compromiso por encima de cualquier circunstancia temporal... 
Ese es el secreto. No hay más. Dejar de ser para dar paso al ser del otro, y aún así: no siendo, conservar la propia identidad; porque no es cuestión de complemento, sino un tema de unidad. No es cuestión de dos en uno, sino cosa de uno en dos. Y siempre, Dios en el medio, que allí donde habite Dios, no hay problema, por más grande, que no tenga solución.
Cuando amanecen las arrugas y el cabello se viste de invierno o se confunde con el color de la piel, queda el tiempo dedicado y los recuerdos compartidos.
Qué podría yo decirte?
Aunque calcemos la misma talla, mis zapatos no te servirán para hacer este camino
Algunos consejos sólo hacen bien a quien los da porque desahoga con ello su carga de frustraciones y no te voy a hacer cargar a ti con las mías. 
Cada quien tiene que enfrentar su historia personal.
Yo sólo puedo hacerme a un lado
en un lugar donde tú sepas que he de estar a la espera por si un día necesitas regresar.
Y ahí estaremos. No tengas duda.

(A Gabriel Arturo Dasilva, septiembre, 2017)
Las seis y media en la mañana.
Neno!
Ea, neniño; hay que levantarse!
Volveré a pasar en diez minutos
-yo lo pienso, tú lo sabes;
por eso no te apuras demasiado-
Volveré a pasar en diez minutos
Entonces me sentaré en la cama
Hasta confirmar que estás despierto
No te levantarás de inmediato pero ya no tendré que volver.
Cuando mucho, me acercaré a la puerta sin entrar
El desayuno está en la mesa
En cualquier momento aparecerás por la cocina.

Ya no más!
No, por un tiempo
Aunque a veces,
De madrugada, todavía asomo la cabeza por la puerta de tu habitación.
La cama vacía es inútil recordatorio de lo que no he olvidado
           "todo pasa y todo queda"
Dijo algún día el poeta
          "Todo pasa y todo queda,
            Pero lo nuestro es pasar"
Y yo me encuentro a mi mismo
perdido en tiempo y espacio
Susurrándole al silencio:
Ea, neno; hay que marchar!

Por un tiempo, ya no más!
Y te imagino a ti, allá, en la distancia,
Esperando, quizás, a mi segunda llamada
Después del despertador
A sabiendas de que nunca va a llegar.
Ya no hay segundas llamadas
Ni primeras. Ya no más!
               Pero tienes un camino.
En su lugar, hay un río que tú debes navegar
Capitán de tus propias naves
Conquistador de tierras y mares
Sigue tu camino y regresa
Cuando quieras regresar

Nunca sabrá Sabina, viejo zorro,
Toda la nostalgia que sembró
Ni alcanzó Janis, en vida, a comprender
el alcance de todo cuanto cantó

Conozco personas que, a diez centímetros, no llegan a tocarse nunca.
Otras, a miles de kilómetros, no llegan a separarse jamás.

... And when we fall, we fall together, not alone!

(a Jorge Luis Dasilva, noviembre, 2017)

lunes, 7 de diciembre de 2015

El socialismo se asienta en la presunción de que la totalidad de seres humanos y cada uno por separado, conoce, comprende y ejerce a cabalidad, de motu propio, la responsabilidad que le corresponde para con el entorno social y geográfico en el que habita. Ese es su gran defecto. Ese es su hándicap. Tales responsabilidades, con sus excepciones -que las hay-, no son característica de la naturaleza humana. Se ha dicho que el ser humano es un animal social... Lo es en cuánto recibe, mas no en cuánto le toca aportar.

viernes, 31 de julio de 2015

Flor de verano
Fiesta de mariposas
en mi ventana

(José L. Dasilva N.)
Fotografía: M.M. Richter

sábado, 25 de octubre de 2014

Paisaje de acera común, con perro y hombre

No se podría decir con exactitud
si el perro seguía al hombre
o el hombre seguía al perro,
porque, si bien el perro caminaba
tras las pisadas del hombre,
este se detenía cada vez que aquel hacía un cambio
ya en la dirección, ya en la velocidad, de su movimiento.
Hay quien pensaría ante la escena
si el amo arrastraba al perro
tirando de la cuerda
o el perro empujaba al amo
aprovechando el espacio sólido de aire
que mediaba entre ambos.

Perro y hombre son accidentes temporales,
percances que, de cuando en cuando, le ocurren al paisaje.
Eventos que el paisaje absorbe con absoluta naturalidad,
quizás acostumbrado como está,
a ser continuamente modificado.