Se nos va la vida desperdiciándola.
En el puro intento de conservarla, la perdemos.
Somos nuestras propias víctimas.
En el esfuerzo por no vivirla, se nos va la vida.
Tomamos previsiones para un futuro que jamás llegará
y, entretanto, dejamos que el presente nos pase de largo.
La vida no es un bien que se pueda almacenar.
Vivimos con miedo a la enfermedad
y, de igual modo, en su momento,
la enfermedad nos alcanza.
Escrúpulos pueriles nos impiden disfrutar
del placer de los sentidos.
Absurdos moralismos nos limitan
nos encierran y encadenan!
Nos llenamos de compromisos y responsabilidades
y olvidamos que el compromiso principal
es con nosotros mismos
Respiramos...
y porque respiramos ya creemos que vivimos!
Caminamos...
y porque caminamos ya creemos que vivimos!
Trabajamos...
Alimentamos nuestro ego con el éxito obtenido
y al resonar del aplauso, nos creemos que vivimos!
Un día, una mañana cualquiera
se levanta un viento (ni tan fuerte!)
y nos arranca...
nos arrastra...
todo tiembla!
paja seca!
hoja muerta!
Una rama a la deriva
En la corriente del río
La vieja dorna que espera
Por un nuevo viajero
y una nueva travesía
Hacia la orilla de enfrente,
Donde comienzan los siglos
Donde terminan los días.
Y dónde queda lo vivido?
A veces, (aunque duela)
preciso es reconocer:
Hay quien a la vida muere,
en el instante de nacer.
Quien tenga algo que objetar acerca de lo que yo escribo, sólo piense y recuerde que: Lo que expongo, es mi experiencia y mi pensamiento; no puedo exponer ni su experiencia ni su pensamiento. Si mi experiencia fuese igual que su experiencia y mi pensamiento fuese igual que su pensamiento, entonces usted sería yo... y de ello, a ambos nos libre Dios.
jueves, 17 de enero de 2013
sábado, 18 de agosto de 2012
(a Emilio Sánchez)
Era un corazón que envolvía a un cuerpo.
Más grande, aún, que eso era... ¿he dicho grande?
Inmenso. Era la inocencia encarnada.
La extrema transpariencia en la mirada.
Infinita claridad. Libro abierto.
Oráculo de Dios a quien comprenda.
Hasta siempre, compañero.
Fuiste de esas personas que, por sólo compartir con ellas un breve instante, hacen que todo este camino terrenal valga la pena.
No sé si alguna vez pude enseñarte algo... Jamás te dije, tampoco, lo mucho que aprendí de ti.
Hasta siempre, compañero.
Volveremos a encontrarnos y otra vez nos sentaremos juntos a esperar, al lado de la carretera.
Hasta siempre, compañero.
Hasta siempre
José L. Dasilva N.
Caracas, agosto 18 de 2012
Era un corazón que envolvía a un cuerpo.
Más grande, aún, que eso era... ¿he dicho grande?
Inmenso. Era la inocencia encarnada.
La extrema transpariencia en la mirada.
Infinita claridad. Libro abierto.
Oráculo de Dios a quien comprenda.
Hasta siempre, compañero.
Fuiste de esas personas que, por sólo compartir con ellas un breve instante, hacen que todo este camino terrenal valga la pena.
No sé si alguna vez pude enseñarte algo... Jamás te dije, tampoco, lo mucho que aprendí de ti.
Hasta siempre, compañero.
Volveremos a encontrarnos y otra vez nos sentaremos juntos a esperar, al lado de la carretera.
Hasta siempre, compañero.
Hasta siempre
José L. Dasilva N.
Caracas, agosto 18 de 2012
jueves, 3 de mayo de 2012
Quizás no siempre camino
por la vereda acertada, pero
Cómo saberlo?
Cómo saber de antemano la dirección
y el tiempo justo
en que habremos de enfrentarnos al destino?
Quizás camino demasiado por la senda equivocada.
Nunca tuve carta de navegación.
Jamás me dieron un mapa.
Me empujaron, una noche, monte abajo
y me dijeron: ¡anda!
Y no quedó alternativa:
caminar a la deriva
buscando algo que quizás reconozca
al instante en que lo encuentre,
si es que alguna vez lo encuentro
y, de hacerlo, soy consciente.
¿Qué tan importante puede ser,
qué tan pertinente,
tener la razón, ganar o perder?
El fin último,
el verdadero,
el inevitable,
el duradero,
de uno u otro modo,
con razón o sin ella, es el mismo:
la noche oscura, el abismo
la quietud del pensamiento
para unos el descanso
para otros, el lamento.
(agosto /2010)
por la vereda acertada, pero
Cómo saberlo?
Cómo saber de antemano la dirección
y el tiempo justo
en que habremos de enfrentarnos al destino?
Quizás camino demasiado por la senda equivocada.
Nunca tuve carta de navegación.
Jamás me dieron un mapa.
Me empujaron, una noche, monte abajo
y me dijeron: ¡anda!
Y no quedó alternativa:
caminar a la deriva
buscando algo que quizás reconozca
al instante en que lo encuentre,
si es que alguna vez lo encuentro
y, de hacerlo, soy consciente.
¿Qué tan importante puede ser,
qué tan pertinente,
tener la razón, ganar o perder?
El fin último,
el verdadero,
el inevitable,
el duradero,
de uno u otro modo,
con razón o sin ella, es el mismo:
la noche oscura, el abismo
la quietud del pensamiento
para unos el descanso
para otros, el lamento.
(agosto /2010)
martes, 1 de mayo de 2012
Poco a poco, sin más apuro
que el nacido de la urgencia de vivir.
Paso a paso. Es más seguro.
Gota a gota, el que bien bebe,
no pierde su presencia ante el barril;
ni se aparta del buen vino
ni se sale del carril.
Paso a paso. Poco a poco.
Quemar el tiempo en su justa medida
y saltar la hoguera
para alejar los fantasmas
como en una permanente noche de San Juán.
que el nacido de la urgencia de vivir.
Paso a paso. Es más seguro.
Gota a gota, el que bien bebe,
no pierde su presencia ante el barril;
ni se aparta del buen vino
ni se sale del carril.
Paso a paso. Poco a poco.
Quemar el tiempo en su justa medida
y saltar la hoguera
para alejar los fantasmas
como en una permanente noche de San Juán.
domingo, 29 de abril de 2012
Na Miña Aldea
Nas quedas augas da ría
canta unha estrela.
Na miña aldea
xa ven o día.
A noite fica espallada,
po-los piñeiros,
coma un remedo
de sombra fría;
(po-los vieiros da miña aldea)
trema a estadea
xa ven o día.
Nunha lareira daquelas tantas,
caldo na pota
bota María.
(A terra chama po-lo labrego)
Na miña aldea
Xa ven o día.
canta unha estrela.
Na miña aldea
xa ven o día.
A noite fica espallada,
po-los piñeiros,
coma un remedo
de sombra fría;
(po-los vieiros da miña aldea)
trema a estadea
xa ven o día.
Nunha lareira daquelas tantas,
caldo na pota
bota María.
(A terra chama po-lo labrego)
Na miña aldea
Xa ven o día.
viernes, 27 de abril de 2012
Dejar el fardo a un lado del camino
y bajar a la tierra,
envuelta la piel en hojas de olvido
y traje de madera.
Una vieja dorna en llamas
alumbra la ribera.
Pescador a la deriva.
Marinero sin bandera.
Recuerdo de un naufragio a golpes de otoño.
¡Ah! ¡Cómo se nos marchitó la primavera
sin haberla visto florecer!
y bajar a la tierra,
envuelta la piel en hojas de olvido
y traje de madera.
Una vieja dorna en llamas
alumbra la ribera.
Pescador a la deriva.
Marinero sin bandera.
Recuerdo de un naufragio a golpes de otoño.
¡Ah! ¡Cómo se nos marchitó la primavera
sin haberla visto florecer!
domingo, 27 de noviembre de 2011
Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!!!
Españoles de península...
¿Hay alguno entre vosotros que pueda decirme
con certeza, a dónde vais?
¿Cual es el plan? ¿Cual es el norte?
¿hacia dónde apuntan vuestras narices?
Dónde quedó la dignidad,
dónde el orgullo que tanto pregonáis
mientras los pies besáis
del yanqui conquistador?
¡Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!
¿Volverás, mi querida España, como otrora
a limpiar el excremento del teutón,
o enviarás a tus hijos, esta vez al sacrificio,
como alimento para el águila calva,
en las naves de un moderno Napoleón?
Ay!, mi querida España,
¡qué pena!
Aléjate de la sirena
Gira tus ojos hacia el alba...
Yo, desde aquí, español de la diáspora,
desconozco esa imagen frívola y vacía
que de ti proyecta cada día
la pantalla del televisor...
¡Ay! ¡Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!
¿Hay alguno entre vosotros que pueda decirme
con certeza, a dónde vais?
¿Cual es el plan? ¿Cual es el norte?
¿hacia dónde apuntan vuestras narices?
Dónde quedó la dignidad,
dónde el orgullo que tanto pregonáis
mientras los pies besáis
del yanqui conquistador?
¡Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!
¿Volverás, mi querida España, como otrora
a limpiar el excremento del teutón,
o enviarás a tus hijos, esta vez al sacrificio,
como alimento para el águila calva,
en las naves de un moderno Napoleón?
Ay!, mi querida España,
¡qué pena!
Aléjate de la sirena
Gira tus ojos hacia el alba...
Yo, desde aquí, español de la diáspora,
desconozco esa imagen frívola y vacía
que de ti proyecta cada día
la pantalla del televisor...
¡Ay! ¡Cuánto daño nos ha hecho Nueva York!
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